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8 abril, 2020

Revista Campo: Coronavirus golpea financiamiento del agro

Aunque se valoran las garantías estatales en los préstamos, se critica la lentitud y los distintos criterios que aplican los bancos. Los préstamos bancarios podrían demorar varios años en volver a los niveles previos a la crisis.

Revista del Campo – Lunes, 08 de junio de 2020 a las 8:30

Eduardo Moraga Vásquez

Ángel Reyes se gana la vida como hortalicero en Rengo, Región de O’Higgins. Cultiva 100 hectáreas, la mayoría arrendadas. En el verano llega a tener 250 personas trabajando en sus huertos, donde produce apio y acelga para la agroindustria, además de reproducir semillas de hortalizas. En invierno la actividad baja, pero de todos modos emplea a 60 personas en forma permanente.

“A la gente le gusta que se le pague semanalmente, lo que genera una gran necesidad de capital. Hasta ahora me he dado vuelta con lo que tengo, pero otros hortaliceros de la zona no han podido, pues hay varios afectados por la sequía. Postulé a un crédito bancario con el beneficio Fogape-Covid, pero no me han respondido. Si no hay avances, voy a tener que recurrir al financiamiento de las empresas proveedoras de insumos, que te pasan lo que necesitas, pero te cobran una tasa de interés más alta que el sistema bancario”, explica Reyes.

La epidemia del coronavirus ha tenido también un efecto en los bancos. Ante la contracción económica, se han vuelto mucho más cautelosos a la hora de prestar dinero, incluso en el agro, un sector que, relativamente, ha sido bastante menos afectado que áreas como el comercio o la hotelería.

“En los cítricos estamos en un momento crítico. Comenzó la cosecha de clementinas y se necesita urgente capital de trabajo. Los costos han aumentado 20% por las exigencias sanitarias. Por ejemplo, hay que contratar más buses para mantener la distancia social. Sin embargo, los bancos se han mostrado reticentes a entregar fondos”, sostiene María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte, que representa a los productores de Limarí y Elqui.

En respuesta a ese frenazo crediticio, el Gobierno ha impulsado varias medidas. La principal ha sido asegurar garantías estatales a la entrega de fondos, conocidos como créditos Fogape-Covid. De esta forma se busca facilitar el acceso al financiamiento bancario.

“En estos momentos los créditos normales no existen. Solo se habla de Fogape-Covid. En términos generales, ha tenido un grado de lentitud en la entrega, me parece que por un tema administrativo de cada banco. Algunos han sido muy rápidos, pero otros no”, sostiene Jorge Valenzuela, presidente de Fedefruta.

Bancos con distintas velocidades

Benjamín Barros es socio de AgroCapital y consejero nacional de la Sociedad Nacional de Agricultura. En ese último rol le ha tocado representar al gremio en las conversaciones con el Gobierno por medidas de reactivación financiera.

Según Barros, hasta antes del estallido social del año pasado, las relaciones entre la banca y el agro funcionaban de forma relativamente satisfactoria. Por ejemplo, mientras la fruticultura representa el 3% del PIB chileno, el stock de colocaciones de la banca en ese sector llegaba al 6% de sus créditos comerciales.

Sin embargo, el impacto de la crisis social, sumado al de la sequía y el coronavirus, enfrió las relaciones. El acceso a capital en el agro empeoró aún más con la retirada de los fondos de inversión en los últimos nueve meses.

Los créditos Fogape-Covid están llamados a destrabar el financiamiento bancario. Dependiendo del nivel de ventas de la empresa, el Estado puede garantizar hasta el 85% del crédito, con un máximo equivalente a tres meses de ventas. La tasa de interés es históricamente baja y la primera cuota se paga recién a los seis meses.

Aunque Barros celebra la llegada de los créditos Fogape-Covid, explica que hay elementos que han frenado su uso. El principal es que los agricultores que han tenido una mora de más de 90 días en un crédito no pueden acceder al empréstito si no demuestran cuatro meses de “buen comportamiento” luego de ponerse al día.

Por ejemplo, una empresa que exporta fruta a China, que debió enfrentar atrasos en el pago de sus clientes durante el verano y que tuvo que suspender el pago de un crédito, del que solo se puso al día en abril, solo podría acceder a un préstamo Fogape-Covid en septiembre, en el mejor de los casos.

“Lo que ha hecho es un gran apoyo, pero tenemos reglamentos que son mejorables”, resume Benjamín Barros.

En tanto, Jorge Valenzuela cree que hay disparidad de criterios en los bancos. Algunos se subieron rápidamente a los préstamos Fogape, mientras que otros se han mostrado más cautos.

“La lentitud que se percibe puede ser por el gran número de créditos que se han pedido por el nuevo mecanismo. En el caso de Rengo, en un banco que conozco, las solicitudes de crédito se han multiplicado por diez”, sostiene Jorge Valenzuela.

Sven Bruchfeld, socio de la viña Polkura, explica que tras un par semanas de recabar información adicional que le pidió un banco para postular a un crédito Fogape-Covid, todavía está a la espera de la respuesta de la institución financiera.

“Algunos bancos no tenían claro cómo operar con este nuevo tipo de crédito. Es urgente que haya avances. La agricultura nunca para y se necesitan fuentes de capital para seguir funcionando”, sostiene Bruchfeld.

 

*El anterior es un artículo realizado por la revista Campo de El Mercurio, la cual fue publicada en su edición del 8 de junio 2020.