El 2° Barómetro de Robo Agrícola, presentado por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), evidenció un deterioro significativo en las condiciones de seguridad del mundo rural. Según el informe, el 77,4% de los agricultores fue víctima de algún robo durante el último año y un 43% sufrió tres o más episodios, configurando un escenario de alta recurrencia.
El impacto económico estimado alcanza los US$ 530 millones anuales, cifra que representa un aumento del 39% respecto de la medición anterior. Desde la SNA califican la situación como crítica y sin precedentes en décadas, posicionando la seguridad rural como una prioridad estructural para el desarrollo productivo.
Desde una mirada financiera, estas cifras no solo reflejan pérdidas directas en infraestructura, maquinaria, insumos y cosechas, sino también un aumento en costos operacionales, mayores necesidades de capital de trabajo y presión sobre la liquidez de las empresas agrícolas.
En un contexto donde la planificación financiera es clave para enfrentar ciclos productivos exigentes, la gestión del riesgo y el acceso a financiamiento oportuno se vuelven factores estratégicos para resguardar la continuidad operacional y la inversión en el sector.
Fuente: El Mercurio










